Hay gente que logra sorprenderme. Pero hasta lo profundo, eh, me sorprenden en serio. Y esto que me acaba de pasar me demostró que a veces soy muy crédula, boba o confiada, no sé. Me pasa que no tiendo a pensar mal de la gente.
En términos de oficina lo puedo ejemplificar así: nunca me fijo si el mail que leo tiene copia a alguien. Si me llegó a mi, pienso que es para mi y lo leo y lo contesto.
Y ahora me doy cuenta de que en las complicadas muchos se arriman a “ayudar”, pero en realidad simplemente quieren decirte lo que tenés que hacer y cómo hacerlo. Y es obvio, eso no es ayuda, es chusmerío, es saber cada detalle de la telenovela del momento, porque claro, qué mejor que meterte en una situación que no te va a perjudicar… no es ayuda, no, no, eso es morbo.
Pero yo, claro, boba, pensé que algunos de esos realmente estaban, por un momento los consideré “amigos” y no eran.
Ahora aparecen esos odiosos “yo te dije” o “tendrías que haber hecho…” y, realmente, los prefiero a los que desaparecieron porque ya terminó la telenovela.
Supongo que eso es normal, es simplemente una etapa más en la selección natural de amigos que se va dando a lo largo de la vida. Por eso, ahora que va bajando la bronca y las cosas se ven más claras, me quedo con la alegría de saber que hay algunos que sí están, que siempre están y les agradezco.