M me contó que un día iba en un taxi, ahí a la altura de Punta Carretas, por la rambla. Todo tranquilo y callado, hasta que el taxista, con los ojos grandotes, se despachó con un “Faaaaaa!!!!”.
El tema es que justo miró al mar y ahí donde termina el agua y empieza el cielo había algo gigante, enorme, una cosa que parecía un edificio, o una ciudad, mismo. Algo que lo dejó boquiabierto.
Y como era tan, pero tan, pero tan grande (el barco que esperaba para entrar al puerto de Montevideo), que el taxista se dio vuelta, miró por la mampara, y le dijo: “Eso debe ser Botnia!!!”.